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ENCUENTROS REFLEXIVOS


«La unidad y las correctas relaciones humanas, individuales, comunales, nacionales e internacionales, pueden ser establecidas mediante la acción conjunta de los hombres y mujeres de buena voluntad en todos los países».

Nuevo Pensamiento

El tercer esfuerzo es eminentemente conceptual. Se refiere a la necesidad de llevar nuestro pensamiento fundamental, en línea con la posición de poder y responsabilidad que, como especies, hemos adquirido al convertirnos en el principal agente de cambio en la Tierra.
Examinado críticamente a la luz de las realidades y exigencias de hoy, todo el bagaje de creencias, conceptos, principios, estructuras de referencia, asunciones, tabúes y valores que nos guían, se ve como obsoleto y no fiable. Un esfuerzo filosófico y cultural de gran magnitud es así requerido para poner al día y enmendar, sino invertir, nuestra concepción de nosotros mismos, de nuestro mundo y nuestro lugar en él y de lo que podemos y debemos o no –podemos ni debemos hacer, para sí tramar un Nuevo Pensamiento– humanístico en consonancia con nuestro tiempo. Sin duda, esta gestión será extremadamente laboriosa, desesperada a veces, pero después de todo, no hay precio alto para pavimentar el camino del renacimiento de la fortuna y espíritu humanos.
Sobre este asunto, además de lo que ya he dicho, quisiera ofrecer, con toda humildad, para reformulación y crítica, unos cuantos ejemplos del nuevo pensamiento, tal como yo lo entiendo. Aunque están listados separadamente, estos pensamientos están interrelacionados y deberían ser considerados en términos de su total significación.


a. Sobre la población mundial

Las políticas sobre la población nacional deben ser compatibles con las condiciones globales.

• La calidad de la población es más importante que al cantidad, y esto solo, puede compensar las consecuencias de la explosión demográfica.
• Las personas se deben convertir en solucionadores de problemas, por lo menos en la medida en que son creadores de problemas.
• Las personas no deben ser igualadas a sus necesidades básicas (aunque éstas sean muy importantes), también son criaturas espirituales, artísticas, soñadoras, inventivas y amorosamente divertidas.


b. Sobre la herencia común de la humanidad

• Cada generación debe esforzarse en llevar un mundo mejor a la que le sigue.
• El mantenimiento y limpieza de la Tierra es una necesidad primaria para la calidad y supervivencia de la vida.
• Los derechos de compartir razonablemente el uso de los recursos naturales del mundo son universales, con independencia de su situación geográfica.
• La conservación de la herencia cultural diseminada sobre todo el mundo es igualmente esencial.


c. Sobre los derechos y deberes humanos

• Sólo el reconocimiento de los deberes y responsabilidades humanos puede proveer un contexto para declarar los derechos humanos.
• Las obligaciones hacia nuestros sucesores y otras formas de vida deben ser incrementadas en lugar de disminuidas.
• La conciencia de especie debe aparecer primero, por encima y sobre la clase y conciencia nacional.
• El nuevo “contrato social” debe incorporar éstos y otros acuerdos entre los individuos y la sociedad.
• El nuevo orden mundial debe regular equitativamente los derechos y deberes recíprocos de todos los países o comunidades (particularmente entre los que tienen y los que no tienen) en un mundo interdependiente.


d. Sobre el sistema humano

• El principio de soberanía territorial es un impedimento supremo para la paz y el progreso y debe ser gradualmente reformado, eventualmente abandonado (con
los países más poderosos dando ejemplo).
• La seguridad es una necesidad primaria que no puede ser satisfecha por la carrera armamentista (el camino demencial), sino solamente por madure socio–política (el camino cultural).
• El desarrollo integrado de los países menos desarrollados por confianza en sí mismos y cooperación internacional es esencial para el bien de la comunidad mundial entera.
• Es urgente la optimización del uso del capital en lugar de su maximización, en vista de la escasez relativa de capital y la necesidad de un desarrollo global armonioso.
• La ética de crecimiento, responsable de graves distorsiones económicas y sociales debe ser abandonada y se debe fomentar la austeridad en lugar del consumismo.
• Es indispensable reconocer la interdependencia entre economía y ecología.
• Se deben desarrollar nuevas formas de planificación a medio y largo plazo para combinar la coherencia global con el máximo de autonomía local y regional.
• La creciente complejidad del sistema humano exige una dirección excelente a todos los niveles, desde el local hasta el global.
• Los roles respectivos de planificación, la empresa privada y la iniciativa pública en la economía, deben concebirse de nuevo y coordinarse.


e. Sobre desarrollo humano

• El desarrollo humano debe ser pro–activo, anticipatorio y no (como la evolución genética) simplemente reactivo y adoptivo.
• Los valores inmateriales (espiritual, ético–moral, socio–político, y generalmente cultural) deben proclamarse, por lo menos iguales a los valores materiales en la vida humana.
• Asignación diferente del tiempo para el trabajo, educación, estudio, diversión y descanso durante la vida es necesario, para la realización de los individuos y de la sociedad.
• Son necesarias nuevas formas y contenidos de la educación y el estudio para fomentar el espíritu de participación, anticipación, solidaridad y globalidad.
Para concluir, la pregunta de “¿a dónde va la humanidad?” puede y debe ser formulada hoy en día, y no sólo retóricamente. Por primera vez en la historia, la humanidad tiene a su disposición un gran activo y puede movilizar un potencial humano tan vasto que puede enfrentarse positivamente y con propósito a ésta pregunta. Ella puede ser verdaderamente el artífice de su propio destino.
Para abarcar ésta época de cambio, el ser humano debe ser puesto donde pertenece; en el centro de la escena. Y esto depende de nosotros, exclusivamente de nosotros. Si lo comprendemos, la mejor parte de la empresa humana, puede estar verdaderamente en el futuro.

Nota:
Este artículo se publicó en Una Tierra, Abril/Mayo de 1980. Fue extraído de La Década venidera de peligro y oportunidad del Club de la Conferencia de Roma, Berlín Oeste, 3–6 de octubre de 1979. El Dr. Aurelio Peccei es el fundador y director del Club de Roma, el cual fue fundado en 1968.
Cuaderno 7 de Técnicas de Buena Voluntad Mundial, p. 27 Lucis Trust.
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EL CAMBIO DE VALORES
El destino de hombres y naciones está determinado por los valores que gobiernan sus decisiones.

Estamos atravesando un período de crisis en la historia de la humanidad de una importancia suprema para los pueblos del mundo. Debería ser un tiempo de re-evaluación y un examen de los valores con los que decidimos vivir. Un valor es la valía relativa que asignamos a ciertos aspectos de la vida diaria, o una excelencia o utilidad intrínseca reconocida. Ello puede considerarse cuestión de opiniones y, por lo tanto, debatible. Pero numerosos valores en la vida humana son básicos para el "bienestar general de todo el mundo", transcendiendo la ronda diaria y la tarea común. Debido a su importancia para el bienestar futuro de la raza humana, es necesario identificar estos valores.
Los valores, de hecho, pueden ser tanto espirituales como materiales. Es el mal empleo de los recursos materiales del mundo, monopolizado para fines de autoabastecimiento, lo que provoca muchos de los puntos de crisis actuales.
Los valores materiales tienden a confinar a un individuo, a un grupo o a una nación, dentro de límites determinados por las formas de vida creadas para servir los intereses de esa unidad. Las formas pueden cambiar; pero si se mantiene como motivación un mezquino autointerés, no resulta nada de valor para la cultura y la civilización humana. El "nuevo materialismo" se construirá sobre el uso de sustancia y recursos materiales para la creación de formas que beneficien al mayor número posible con el máximo bienestar.
Los valores espirituales están relacionados con la iluminación, la libertad y el crecimiento creativo de la raza humana. Promueven la tendencia humana innata hacia la síntesis y la totalidad. Expanden los horizontes de la visión y la capacidad humanas. Pueden simbolizarse como una espiral ascendente de infinita potencialidad.
Los valores espirituales de más importancia bien podrían ser aquellos que nos elevan fuera de nuestras preocupaciones auto-centradas. El autointerés no beneficia a nadie, incluido uno mismo, de tan interdependiente e interrelacionada como se ha vuelto la sociedad. El separatismo y el egoísmo son espejismos humanos, basados en la ausencia de visión y entendimiento, destinados hoy a ser transcendidos.
El "sacrifico del egoísmo" liberaría nuevos valores a la vida nacional e internacional. Acabaría con la carrera de armamento, actualmente perpetuada por motivos de poder e interés económico, y conduciría al desarme mundial y a la paz mundial, prevista y asegurada en los estatutos de las Naciones Unidas.
El sacrificio del egoísmo fomentaría las actitudes mentales inclusivas, permitiendo a todos los sectores de la sociedad compartir y contribuir al crecimiento y prosperidad de la totalidad. Promovería la responsabilidad y la preocupación por la totalidad en actitudes y acciones. Surgiría una nueva perspectiva sobre la vida y los verdaderos valores.
El sacrificio del egoísmo aumentaría los lazos de entendimiento entre los pueblos de la tierra, mediante la sustitución práctica de la cooperación internacional, la tolerancia mutua y el compartir entre pueblos y naciones. Puede liberar a los hombres y mujeres de todas las naciones de sus limitaciones y restricciones, dejándoles libres del miedo y de la necesidad, conduciéndoles a la libertad de expresión y de creencias religiosas, y dejándoles libres para expandirse mental y espiritualmente.
Existe actualmente una tendencia creciente de aspiración hacia mejores formas de vida para todos los pueblos de todo el mundo. La conciencia humana está abriéndose a la impresión espiritual y a la comprensión de que existen valores espirituales deseables, que pueden incorporarse en cada aspecto de la vida, reemplazando el materialismo que ha controlado a la humanidad durante siglos. Estos valores atañen a actitudes esenciales de mente y corazón que determinan acciones y que crean las circunstancias físicas de la vida diaria. Por lo tanto, son intensamente prácticos.
El objetivo del nuevo orden mundial sería, sin duda, que toda nación, grande y pequeña, persiguiese su propia cultura individual y procurase su propia salvación, pero que todas y cada una de ellas desarrollasen la comprensión de que son partes orgánicas de una totalidad corporativa y que deben, consciente y abnegadamente, contribuir a esa totalidad. Esta comprensión está ya presente en los corazones de innumerables personas de todo el mundo; y conlleva en sí una gran responsabilidad. Cuando sea desarrollada inteligentemente y manejada con sabiduría, conducirá a las Correctas Relaciones Humanas; a la estabilidad económica, basada en el espíritu de compartir y en la cooperación; y a una nueva orientación de los pueblos y de las naciones entre sí y de todos hacia ese poder supremo al que damos el nombre de Dios.
Traducido a términos nacionales, estas comprensiones eliminan el conflicto y la competitividad de las numerosas facetas de la sociedad. Mientras que cada grupo se pelee por sí mismo y por sus propios intereses, no podrá existir armonía social, ni tranquilidad, ni seguridad o unidad, ni libertad o bienestar.

El valor humano fundamental que se necesita hoy, como base para una vida mejor en la sociedad en que nos movemos, es la sencilla y práctica utilización de la energía de la buena voluntad. La buena voluntad es una actitud mental inclusiva y cooperativa; es "amor en acción"; fomenta la justicia y la integridad en aquellos con influencia y autoridad. Es, en verdad, la piedra angular de una sociedad humana que responde a los valores de la nueva era.
Aquellos que actúan con buena voluntad por "el bienestar general de todos los pueblos" son los constructores del nuevo orden mundial por el que tantos hoy planifican y trabajan.

 
VALORES CON LOS QUE VIVIR
Amor a la verdad: Esencial para una sociedad justa, inclusiva y progresista.
Sentido de la justicia: El reconocimiento de los derechos y necesidades de todos.
Espíritu de cooperación: Basado en la buena voluntad activa y en el principio de las Correctas Relaciones Humanas.
Sentido de la responsabilidad personal: Para asuntos grupales, comunales y nacionales.
Servicio al bien común: Por medio del sacrificio del egoísmo. Sólo aquello que es bueno para todos es bueno para cada uno.

 
 
Estos son valores espirituales, que inspiran la conciencia y la consciencia de quienes sirven para crear una forma de vida mejor.
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  • Las personas de Buena Voluntad son las que piensan y actúan con AMOR, COMPRENSIÓN y PREOCUPACIÓN por el BIENESTAR de todos. LEER MÁS >